El hombre mediocre solo tiene rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazon


El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social.

En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes, ni santos. Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica , sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo.

A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealista por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí. El calumniador desafía el castigo, se expone; el maldiciente lo esquiva.

El uno se aparta de la mediocridad, es antisocial, tiene el valor de ser delincuente; el otro es cobarde y se encubre con la complicidad de sus iguales, manteniéndose en la penumbra. Los maldicientes florecen doquiera: Vierten la infamia en todas las copas transparentes, con serenidad de Borgias; las manos que la manejan parecen de prestidigitadores, diestras en la manera y amables en la forma. Una sonrisa, un levantar de espaldas, un fruncir la frente como subscribiendo a la posibilidad del mal, bastan para macular la probidad de un hombre o el honor de una mujer.

El hombre mediocre

Miente con espontaneidad, como respira. Sabe seleccionar lo que converge a la detracción. Sin cobardía, no hay maledicencia. El que puede gritar cara a cara una injuria, el que denuncia a voces un vicio ajeno, el que acepta los riesgos de sus decires, no es un maldiciente. Los peores son los que maldicen elogiando: Tal bajeza en el pensar es una insidiosa manera de practicar el mal, de efectuarlo potencialmente, sin el valor de la acción rectilínea. Su burla no es sonrisa, es mueca. La ironía es la perfección del ingenio, una convergencia de intención y de sonrisa aguda en la oportunidad y justa en la medida; es un cronómetro, no anda mucho, sino con precisión.

Eso lo ignora el mediocre. Esos oficios tienen malignidades perversas por su misma falta de hidalguía; disfrazan de mesurada condolencia el encono de su inferioridad humillada.

  1. El último hombre sobre la tierra estaba sentado solo en una habitación?
  2. citas con chicas de trujillo!
  3. app para senderismo!
  4. conocer hombres holandeses;

Nada teme el maldiciente al sembrar sus añagazas de esterquilinio; sabe que tiene a su espalda un innumerable jabardillo de cómplices, regocijados cada vez que un espíritu omiso los confabula contra una estrella. El escritor mediocre es peor por su estilo que por su moral. Rasguña tímidamente a los que envidia; en sus collonadas se nota la temperancia del miedo, como si le erizaran los peligros de la responsabilidad.

Describen dando tropiezos contra la realidad; son objetivos que operan y no retortas que destilan; se desesperan pensando que la calcomanía no figura entre las bellas artes. Si acometen la literatura, diríase que Vasco da Gama emprende el descubrimiento de todos los lugares comunes, sin vislumbrar el cabo de una buena esperanza; si chapalean la ciencia, su andar es de mula montañesa, deteniéndose a rumiar el pienso pastado medio siglo antes por sus predecesores.

Palidecen ante el orgullo desdeñoso de los hombres cuyos ideales no sufren inflexiones; fingen no comprender esa virtud de santos y de sabios, supremo desprecio de todas las mentiras por ellos veneradas. El escritor mediocre, tímido y prudente, resulta inofensivo. Solamente la envidia puede encelarle; entonces prefiere hacerse crítico. El mediocre parlante es peor por su moral que por su estilo; su lengua centuplícase en copiosidades acicaladas y las palabras ruedan sin la traba de la ulterioridad.

La maledicencia oral tiene eficacias inmediatas, pavorosas. Ése es su secreto.

  • grupos de chicas;
  • billares y futbolines!
  • El hombre mediocre: 3.
  • !
  • las landas francia.
  • Press question mark to see available shortcut keys!

Diríase que empañan la reputación ajena para disminuir el contraste con la propia. El hombre mediocre que se aventura en la liza social tiene apetitos urgentes: No sospecha que existe otra cosa, la gloria, ambicionada solamente por los caracteres superiores. Aquél es un triunfo efímero, al contado; ésta es definitiva, inmarcesible en los siglos. El uno se mendiga; la otra se conquista. El hombre de mérito se adelanta a su tiempo, la pupila puesta en un ideal; se impone dominando, iluminando, fustigando, en plena luz, a cara des- cubierta, sin humillarse, ajeno a todos los embozamientos del servilismo y de la intriga.

La popularidad tiene peligros. Cuando la multitud clava sus ojos por vez primera en un hombre y le aplaude, la lucha empieza: La vanidad empuja al hombre vulgar a perseguir un empleo expectable en la administración del Estado, indignamente si es necesario; sabe que su sombra lo necesita. El hombre excelente se reconoce porque es capaz de renunciar a toda prebenda que tenga por precio una partícula de su dignidad. El genio se mueve en su órbita propia, sin esperar sanciones ficticias de orden político, académico o mundano; se revela por la perennidad de su irradiación, como si fuera su vida un perpetuo amanecer.

El que flota en la atmósfera como una nube, sostenido por el viento de la complicidad ajena, puede abocadar por la adulación lo que otros deberían recibir por sus aptitudes; pero quien obtiene favores sin tener méritos, debe temblar: Sus caminos son propiamente suyos; mientras el mediocre se entrega al error colectivo que le arrastra, el superior va contra él con energías inagotables, hasta despejar su ruta.

Merecido o no, el éxito es el alcohol de los que combaten. La primera vez embriaga; el espíritu se aviene a él insensiblemente; después se convierte en imprescindible necesidad. El primero, grande o pequeño, es perturbador. Se siente una indecisión extraña, un cosquilleo moral que deleita y molesta al mismo tiempo, como la emoción del adolescente que se encuentra a solas por vez primera con una mujer amada: Mirar de frente al éxito, equivale a asomarse a un precipicio: Es un abismo irresistible, como una boca juvenil que invita al beso; pocos retroceden.

Inmerecido, es un castigo, un filtro que envenena la vanidad y hace infeliz para siempre; el hombre superior, en cambio, acepta como simple anticipación de la gloria ese pequeño tributo de la mediocridad, vasalla de sus méritos. Se presenta bajo cien aspectos, tienta de mil maneras. Nace por un accidente inesperado, llega por senderos invisibles. Después no se puede vivir sin el tósigo vivificador y esa ansiedad atormenta la existencia del que no tiene alas para ascender sin la ayuda de cómplices y de pilotos.

Para el hombre acomodaticio hay una certidumbre absoluta: Los grandes cerebros ascienden por la senda exclusiva del mérito; o por ninguna. La gloria depende de ellos mimos.

See a Problem?

El éxito les parece un simple reconocimiento de su derecho, un impuesto de admiración que se les paga en vida. El éxito es benéfico si es merecido; exalta la personalidad, la estimula. La popularidad o la fama suelen dar transitoriamente la ilusión de la gloria. Son sus formas espurias y subalternas, extensas pero no profundas, esplendorosas pero fugaces.

Son oropel, piedra falsa, luz de artificio. Manifestaciones directas del entusiasmo gregario y, por eso mismo, inferiores: Tales aspectos caricaturescos de la celebridad dependen de una aptitud secundaria del actor o de un estado accidental de la mentalidad colectiva. Amenguada la aptitud o transpuesta la circunstancia, vuelven ala sombra y asisten en vida a sus propios funerales. Entonces pagan cara su notoriedad; vivir en perpetua nostalgia es su martirio.

Los hijos del éxito pasajero deberían morir al caer en la orfandad. Ello equivale a agonizar. Es la dicha del pintor maniatado por la ceguera, del jugador que mira el tapete y no puede arriesgar una sola ficha. Es tan doloroso pasar del timón al remo, como salir del escenario para ocupar una butaca, aunque ésta sea de primera fila. La fama de un orador, de un esgrimista o de un comediante, sólo dura lo que una juventud; la voz, las estocadas y los gestos se acaban alguna vez, dejando lo que en el bello decir dantesco representa el dolor sumo: Volver a la realidad es una suprema tristeza.

Toda ilusión que se desvanece deja tras de sí una sombra indisipable. La fama y la celebridad no son la gloria: Los genios, los santos y los héroes desdeñan toda sumisión al presente, puesta la proa hacia un remoto ideal: La gloria nunca ciñe de laureles la sien del que se ha complicado en las ruinas de su tiempo; tardía a menudo, póstuma a veces, aunque siempre segura, suele ornar las frentes de cuantos miraron el porvenir y sirvieron a un ideal, practicando aquel lema que fue la noble divisa de Rousseau: La emoción del Ideal - II.

De un idealismo fundado en la experiencia. De Wikisource, la biblioteca libre.

El hombre solo es rico en hipocresia

Los estigmas de la mediocridad intelectual. El sendero de la gloria.

Menú de navegación

El hombre mediocre sólo tiene rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazón. José Ingenieros. "El hombre mediocre solo tiene rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazon." José Ingenieros #Ingenieros from Facebook tagged as Mediocre Meme.

Vistas Leer Editar Ver historial. En otros idiomas Añadir enlaces. El capítulo sobre la vejez es, a mí parecer, tristemente acertado y oscuro. El hombre sin ideales como síntoma de la decadencia social. View all 6 comments. May 17, Pedro rated it it was amazing Shelves: Este libro contiene un reflejo fiel de lo que la sociedad mexicana es y ha sido a lo largo de su historia desde que dejó en manos de otros su futuro, la mediocridad de las masas en méxico como un detonante de rezago y pobreza.

Partidos políticos, empresas, televisión, radio; son solo algunos de los factores que han condicionado al Hombre Mediocre de nuestro México. Buen libro Buen libro acerca de la mediocridad de la sociedad, impresionante que a pesar de haberse escrito hace años, todo sigue igual. Ideal para motivarse a no ser un mediocre.

El hombre mediocre - José Ingenieros

Nov 29, Julieta Mora rated it it was amazing Shelves: Este libro me lo regaló un amigo mío cuando era pequeña. Comencé a leerlo, pero no era capaz de entenderlo, debido a la complejidad del vocabulario. May 24, Rubio rated it it was amazing. Apr 25, Nathaly rated it it was amazing Shelves: Es de esos libros que leés en el momento indicado de tu vida.

Me acerqué a él con entusiasmo por la recomendación de mi profesor de sociología. Esa actitud me llevó a cuestionarme a mí misma, ya que el autor deja muy claro desde el principio a quienes dirigía la obra: Así q Es de esos libros que leés en el momento indicado de tu vida. Así que aproveché mis vacaciones de semana santa para poder retomar el libro de una buena vez.

Me sorprendió como poco a poco me introdujo en las líneas, y estas dejaron de verse suecas. Creo que eso se debió al uso repetitivo que hace el autor de algunos términos. No me pareció molesto en lo absoluto, al contrario, Ingenieros logró que esas palabras se quedaran en mi cabeza y el contenido del libro se mantuviera conectado entre sí.

Me hizo revaluar qué es lo que realmente motiva mis acciones, abriéndome los ojos de una manera tan entrañable. Fue como verme en un espejo. Ya tiene tiempo de haber sido publicado Dec 30, S. Son muchos los momentos en los que se aprecia la orientación funciona lista y estructuralista del estudio de la sociedad planteado por Ingenieros. Ante la pregunta de "El hombre mediocre" es un libro libro lleno de interesantes reflexiones sobre la naturaleza humana y la evolución de la sociedad. Ante la pregunta de qué es el progreso humano, Ingenieros responde: Hacia el final del libro, Ingenieros se concentra en la figura del genio y lo esencial de su personalidad.